Abril 2, 2008...9:13 pm

Hoy hablé con Dios, continuación

Saltar a Comentarios

Todas tus palabras fluían y fluían por mi corazón y mi cabeza, mientras yo resistía escuchándote llorar. Yo no estaba en ninguna otra parte más: ahí contigo. Abrazándote. Extrañándote mucho y muy lejos de ti… pero abrazándote. Eso era todo lo que sentía. “Tranquila”, te decía, sosteniendo tus heladas manos, deseando que fuera cierto…

No era tan tarde, pero me quería acostar. La conversación me dejó algo débil. ¿Habrá sido esa una forma de quitarme el nerviosismo del cuerpo? Debo reconocer -es importante destacar- que fue en esa cama donde soñé tantas veces contigo. Y fue ahí mismo, en ese mismo lugar de tranquilidad e intimidad, donde era necesario hablar con Él. No podía quedar sólo con el sueño. “No dejes que sus sueños se apaguen. No permitas que sufra; ella no se lo merece y nunca lo hará. Ella necesita de ti”, pero Él no respondió. Personalmente hubiese hecho lo mismo. Él nos unió. No era necesaria ninguna respuesta para tal tautológica petición.

El día siguiente fue un día común y corriente pero dicotómico: respiro y angustia. Y es que nadie predice el futuro, chiquitina. La vida es tan incierta. Por ejemplo no iba a imaginar el día anterior la alegría que me produjo el hablar contigo hoy y escuchar tu sonrisa, ver tus alegres palabras y sentir tu esencia renacer de nuevo. Pero nadie te puede asegurar que ha sido el fin de la película. Rollos y rollos de sentimientos e historia seguirán inundando nuestro presente. Y es precisamente esa la razón de mi angustia. Los días son tan inciertos. Son tan raros, hoy en día…

Bueno, la verdad es que nunca le agradecí. Pero me pregunto si hace falta. Él ya lo sabe… sabe lo mucho que le debo… a pesar que aún Él está tan incierto como lo estoy yo. El hilo de la vida se vuelve tan fino en cualquier momento, en cualquier lugar, por diversas razones. Pero es tu hilo el que más emociones me provoca. Es el que más me preocupa. Ayer recibí tu mensaje y por un momento pensé que ese hilo se rompería… que la puerta que guardaba tu presencia se abriría y ya no estarías ahí…

Te quiero mucho. No me asustes más. Te quiero. Siempre.

Imagen: LINK

1 comentario

  • No sé por qué esto que acabo de leer me hizo recordar el libro El Cantar de los Cantares y sobre todo la hermosa frase que dice: “Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos”.

    Escribes hermoso y me gusta mucho más cuando lo haces con e corazón más que con la imaginación.

    También te quiero muchísimo.

Escribe un comentario